¿El Mindful Eating sirve para adelgazar?

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Si estás leyendo esto cuando toca significa que acabas de estrenar el año y eso es una muy buena noticia, porque este post te va a venir que ni pintado para ayudarte con ese propósito perenne que dice, “para este 202X quiero comer mejor” (y ya sabes tú que según van pasando las semanas, va quedándose relegado en la lista de cosas por hacer).

En caso de no ser así, estarás leyendo esto habiendo pasado ya unos meses desde las campanadas, pero tampoco pasa nada, porque la temática que te presento habla de hábitos duraderos y de cambios de perspectiva que, una vez aplicados, te duran para toda la vida. 

Vamos a adentrarnos de lleno en el Mindful Eating y en cómo convertir cada una de nuestras comidas en un ritual.

Primero, poniendo en valor aquello que vamos a ingerir, pero no en plan americano dando las gracias al señor por los alimentos, sino teniendo muy en cuenta que gracias a esa “gasolina” nos mantendremos vivitas y coleando, que ya es bastante.

Y segundo, aprendiendo a sentir las señales claras y directas que nuestro estómago nos envía durante todo el día y que tienen que ver con la comida.

Como ves, a la pregunta “¿El Mindful Eating sirve para adelgazar?” la respuesta es: no directamente, pero sí una vez que lo practicas como un hábito diario.

Venga, empecemos por el principio.

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¿Qué es el Mindful Eating?

Con esto de llevar un ritmo cada vez más acelerado en nuestro día a día, al acto de comer le hemos otorgado dos papeles: el de “proceso rutinario” (me alimento como los patos, sin masticar y con la cabeza más en Plutón que en el plato) y el de “quitapenas” (como por ansiedad, por aburrimiento o por desazón, sin atender a cantidades, simplemente dándome el atracón).

Partiendo de esa base, surge un movimiento llamado Mindful Eating que viene con la capa de superhéroe a salvar el planeta de estos dos maquiavélicos planes.

La definición de este estilo de alimentación, que sería parte también de una manera de entender la vida en todos los sentidos, es lo que se conoce como alimentación consciente. 

O sea, es la práctica que nos permite llevar la atención plena a la hora de nutrirnos para aprender a escuchar nuestras emociones y nuestras sensaciones corporales, y así poder alimentarnos de forma más saludable.

Ya sabes que no soy nada fan de las dietas, soy de las que piensa que si las dietas funcionasen no existiría ni una persona gorda en la Tierra. Pero este estilo de alimentación no tiene absolutamente nada que ver con dietas, sino que es un proceso que sirve para aprender una nueva dinámica con la comida. 

El Mindful Eating no sirve para adelgazar, sino para relacionarte de una forma más beneficiosa, para tu mente y para tu cuerpo, con la comida.

Este estilo de alimentación lo engloba todo, desde la planificación a la hora de hacer la compra, hasta cómo cocinar los alimentos y el hecho de comerlos en sí. 

Pero claro, para poder llevar esto al día a día debes estar dispuesta a prestar más atención a cada elección que haces para empezar a sacar a la luz cuáles son tus patrones, esos con los que llevas actuando décadas, cuál es tu sistema de creencias entorno a la comida y a la alimentación y, por supuesto, a tus rutinas. 

Cuando te das cuenta de que hay algo que no está funcionando con tu alimentación, pararse y observar todos los detalles que conforman tu vida y que afectan directa o indirectamente a la manera en que te alimentas, es un gran paso. 

¿Por qué?

Porque solo de esta forma sabrás discernir entre qué te está ayudando a cuidarte, y qué no.

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Escucha tus sensaciones corporales para vivir y comer de forma más consciente

Lo de escuchar las sensaciones del cuerpo viene de serie cuando nacemos, pero según vamos creciendo, y dependiendo del entorno en el que lo hagamos, desconectamos el sensor y nos volvemos un pelín autómatas.

El cuerpo queda en un segundo plano y empezamos a escuchar de forma mucho más activa todo lo que dice nuestra mente (ego), que viene con ideas aprendidas que no son nuestras y que nos hace la puñeta por doquier. 

Por ejemplo, si de pequeñitas aprendimos que no hay que dejarse nada en el plato porque es de mala educación, cada vez que nos sentemos a comer nos comeremos hasta la última miga aunque nuestro estómago esté pidiendo clemencia.

Y como te pille en casa de tu abuela o de tu suegra, que por no dejarte con hambre te fríe un huevo después de haberte comido un platazo de cocido, apaga y vámonos. 

Luego nos sentimos pesadas, con la mente obnubilada y con ganas de dormirnos por los rincones porque digerir tal cantidad de comida no es una tarea fácil para nuestro organismo. 

Lógico. 

También se da el caso de relacionar la comida con las emociones o, mejor dicho, atribuirle el rol de salvavidas cuando nuestras emociones están tocadas.

¿Te suena el anuncio de televisión en el que un padre le ofrece a su hija una pizza para cenar porque ella llega jodida a casa después de que su novio le haya dejado?

Él y la chiquilla se comen la pizza a dos carrillos en la mesa de la cocina mientras no hay comunicación ninguna entre ellos, simplemente complicidad por meter lo que ella está sintiendo debajo de la alfombra. 

Touché. Bien jugado, amigo.

Pues, aunque parezca mentira, así es como muchas personas funcionan a diario. Utilizan la comida como alivio para curar el dolorcito de alma que arrastran ese día (o esa semana, o ese mes, o toda su vida).

Y así, pasa lo que pasa.

Que después nos llevamos las manos a la cabeza porque no sabemos qué ocurre en nuestro cuerpo, por qué engordamos o por qué no podemos comer sin mirar TikTok.

Ya te lo digo yo: es porque el acto de comer para ti ahora mismo es un mero trámite. Algo que te sirve para reconfortarte, para aliviar el estrés y para sentirte mejor durante unos minutos.

Pero, oh mi querida buenorra, eso nunca tiene un final feliz.

Después vienen la culpabilidad, la frustración y el crujir de dientes, cosas que tampoco son nada agradables de gestionar. 

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¿Cómo aplicar el Mindful Eating en tu día a día?

Entiendo que, a pesar de sentirte mal actualmente con tu manera de comer, sientas algo de resistencia antes de adoptar el Mindful Eating en tu vida.

Es normal, los cambios siempre suponen un esfuerzo extra y eso a nuestra mente (ego) le da pereza. Pero si tienes claro el motivo por el que lo haces, quieres cuidarte y darte lo mejor, te aseguro que será cuestión de un par de semanas el empezar a notar la mejora a la hora de relacionarte de forma diferente (y más adecuada) con la comida. 

Aquí voy a compartir contigo los tips básicos para adoptar este estilo de alimentación consciente en tu día a día, pero ten en cuenta que esto no funciona solo por leerlos y acumular la información: hay que ponerlos en práctica, pero de verdad, no solo de boquilla. 

¿Estás lista, entonces? Te cuento.

Lo primero de todo es observarte con compasión. 

Pero “compasión” no quiere decir que aceptes todo lo que haces, sino que, desde la responsabilidad, seas amable contigo misma y con tus comportamientos, sabiendo de dónde vienen, pero con la intención de cambiar lo que te hace daño. 

Acepta sin culpa que lo que has experimentado hasta ahora ha sido desde las herramientas que tenías en ese momento. No te culpabilices ni te reproches nada, porfa.

Y ahora sí, pasamos a la comida.

Cuando tengas hambre, tómate un momento para cerrar los ojos, haz un par de respiraciones profundas y preguntarte: “¿De qué tengo hambre? ¿Me siento sola porque me he acordado de mi ex? ¿Un olor me ha despertado el apetito?, ¿Como por hábito o rutina?, ¿Me aburro? ¿Es la reunión de mañana con ese cliente que me tiene nerviosa?”

Una vez identificado el motivo de ese hambre, empieza a comer atendiendo al aspecto de la comida, a su olor, a su sabor… Presta atención a la sensación en tu estómago y a lo que estás pensando mientras comes.

Esa es la base del Mindful Eating.

Pero, para que tengas una pequeña guía paso a paso, te dejo aquí algunos tips para que los primeros días te sea más fácil no perderte.

  1. Bebe un poco de agua antes de comer. Eso va a disminuir la ansiedad y va a aumentar la sensación de saciedad.
  2. Cuida la presentación de lo que comes. Ya sabes lo que dicen, se come por los ojos, por  eso la estimulación visual de tus platos también es importante. 
  3. Come sentada, sin distracciones. Fuera TickTok, fuera la tele y fuera YouTube. Al poner atención en lo que comes, te resultará mucho más fácil observar si ya te sientes saciada. Además, te vas a dar cuenta de que saboreas mucho más cada uno de los ingredientes.
  4. Mastica muy bien. Está comprobado que masticar muy bien lo que ingerimos nos ayuda a comer menos cantidad (porque así el cerebro detecta las señales de saciedad más fácilmente).
  5. No te llenes del todo. No necesitas sentirte hinchada para dejar de comer. Observa el nivel de llenado de tu estómago con el que te sientes mejor.
  6. Revisa tu relación con la comida. Si tienes mala relación con la comida, pide ayuda profesional. Puede que lo que hay detrás de esa mala relación sea un trastorno de la conducta alimentaria.
  7. Ayuda a conocerte mejor. El Mindful Eating es un proceso de autoconocimiento. Como te decía, no es una dieta para adelgazar. 

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Esta de la foto soy yo, Ana Morales, psicóloga especializada en nutrición emocional, también practicante del Mindful Eating (aunque a veces elija saltármelo a la torera). 

Te voy a confesar algo: me encantan las novelas. Siempre he tenido la costumbre de verlas mientras comía, y eso es algo que me acompaña todavía a día de hoy. 

Por eso cuando descubrí el Mindful Eating me hice un favor a mí misma prácticándolo. Me empecé a sentir mucho mejor, empecé a disfrutar del acto de comer y mi relación con la comida fue mejorando con el tiempo hasta hacer las paces plenamente con ella.

Pero eso no quita que, de vez en cuando, me coma mi plato mirando la novela.

Lo que te quiero decir con esto es que en la vida no todo es blanco o negro, también hay grises. 

Por eso, si has leído este post y te hace tilín la idea de empezar a tratarte como la reina cuidando tu cuerpo a través de la comida, no necesitas ser súper radical y pasar de un extremo a otro en cuestión de días.

Tómatelo con calma, ve probando, pasito a paso.

Mientras tanto, te dejo por aquí un test muy revelador para descubrir en qué punto se encuentra a día de hoy tu relación con la comida y, desde ahí, empezar a hacer cambios.

Nos leemos en el siguiente post. 

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¿Te ha gustado este post? ¿Conoces a alguien a la que creas que le puede venir bien leerlo? Entonces, no dudes en compartirlo con ella.

Y si tienes sugerencias, dudas o alguna aportación interesante a este tema, te leo en comentarios.

¡Hasta pronto!

Ana Morales, psicóloga y coach especializada en nutrición emocional.

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Soy Ana Morales, psicóloga y coach nutriemocional. En este blog encontrarás historias, reflexiones, herramientas y “empujones de realidad” que te ayudarán a ver la vida con otras gafas. Unas gafas bien brillantes, hecha a tu medida, que te permitirán disfrutar de aquello que hoy es para ti un calvario: tu cuerpo.

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Soy Ana Morales, psicóloga y coach nutriemocional. En este blog encontrarás historias, reflexiones, herramientas y “empujones de realidad” que te ayudarán a ver la vida con otras gafas. Unas gafas bien brillantes, hecha a tu medida, que te permitirán disfrutar de aquello que hoy es para ti un calvario: tu cuerpo.

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